La torre de la golondrina

La torre de la golondrina; Andrzej Sapkowski; Alamut; 364 pp. (1997).

AUTOR

Andrzej Sapkowski es el creador de la saga literaria de fantasía adulta de Geralt de Rivia. Por eso, al haber comentado en el blog el primer libro novelado (es decir, el que no es una colección de relatos cortos), La sangre de los elfos y sus continuación Tiempo de odio y Bautismo de fuego podréis encontrar toda la información del autor. De esta manera, ahora me dedicaré por completo a la sexta entrega: La torre de la golondrina.

OBRA: La torre de la golondrina

Después de las andanzas purificadoras vistas en Bautismo de fuego, ahora nuestros personajes han emprendido un camino sin retorno, paralelos sin saberlo, que desembocará en el absoluto caos, desconocimiento, muerte y esperanza.


La torre de la golondrina es la sexta entrega de la saga de Geralt de Rivia, vamos acercándonos al final de toda la historia, pero la fantasía adulta y la verosimilitud, por mucho que sean elementos contradictorios, se mantienen en la obra como el primer día.

Continuando con el estilo literario de Sapkowski encontramos varias voces narradoras, desde la tercera impersonal nada involucrada o relacionada con los acontecimientos y personajes de la obra («Hotsporn llegó a la cima, detuvo el caballo y le dio la vuelta. Era precavido y cauteloso, no le gustaba el riesgo, sobre todo porque la atención no costaba nada. No se apresuró a bajar al río, a la estación de postas. Primero prefería mirar bien.») a un yo manifestado e intradiegético («Malditos mocosos irresponsables. Se emborracharon. Y luego le vino a mano otro camino. Seguro que el del sastre, a por trapos raros.»). Aun con todo, sin importar desde donde nos hable el narrador, la novela se focaliza en la exposición de hechos a partir de una visión del mundo neutra (Cuando nos habla una persona no involucrada), subjetiva (el yo manifestado) o incluso crítica en algunas ocasiones como la homofobia a través de una defensa:

«Como a cualquier machito tonto te circula por la testa el pensamiento idiota de intentar curarme de mi enferma naturaleza, de hacer volver a la pervertida al camino de la verdad. ¿Y sabes lo que es repugnante y contra natura en todo eso? ¡Precisamente esos pensamientos!».

De igual modo, el título se encuentra intrínsecamente relacionado con el argumento pues “La torre de la golondrina” recibe el nombre de Zirael en élfico, el cual, traducido a la lengua común, es Ciri. Por tanto, ya sabemos que Ciri y su mundo serán el eje temático principal.

En cuanto a la organización de la obra, externamente hay modificaciones desde La sangre de los elfos, pues encontramos la novela dividida por once capítulos de diversa extensión. Por su parte, internamente no hay cambios, pero está muy difuminada por la experimentación del autor con la prosa; Es decir, incluye distintos tipos de narración apoyándose en las varias líneas temporales, lo que le lleva a que en un mismo capítulo se cuente el mismo hecho a través de diferentes momentos y personajes – Algunos de esto son completamente nuevos, lo que dificulta aún más establecer una ubicación para el lector -.

Por su parte, los personajes, al igual que en toda la saga del brujo, están configurados desde una visión compleja fundadas en las palabras del narrado u otros personajes pues, como dije anteriormente, su figura no es muy fácil de precisar.

A decir verdad, en La torre de la golondrina encontramos nuevos personajes o algunos que ya habían sido nombrados de pasada pero que ahora tienen un mayor protagonismo. Sin embargo, nunca se llega a profundizar en ellos; Nunca se les da un trasfondo. Por ejemplo, Rience, servidor del hechicero Vilgerfort, podría haber tenido una mayor profundidad en vez de quedarse en un mero esbirro de un hechicero poderoso. Asimismo, el agente secreto Dijkstra, que aparece en dos ocasiones, en una de ellas nos cuenta la relación entre países que hasta el momento no habían sido nombrados (y que poco aporta a la trama la verdad); Es cierto que esta digresión ayuda a configurar un mundo de fantasía más completo, pero considero que el momento no era el adecuado y que podía haberse resumido bastante ese momento. Lo mismo ocurre con Antillo, que al igual que el agente secreto redano, se aprecia su profundidad y ambiciones políticas – Ostras, que le gustaría implantar al democracia en un país liderado por un Emperador -, pero jamás se le llega a conocer al completo.

No obstante, me gustaría decir que el personaje de Bonhart es de los pocos que llegan a transmitir una emoción o sensación – Que en su caso es el miedo, logrado de una manera magistral, por cierto -. Se trata de un cazarrecompensas, un antagonista sádico bien construido, aunque me hubiese gustado conocerlo más.

«Desde el interior les llegó el sonido de unos pasos. Lentos y pesados. Mistle sintió un escalofrío que le recorría el cuello y los brazos. Bonhart apareció en la puerta. […] El cazador de recompensas llevaba la suya bajo la axila. Así mantenía libres las manos. En una llevaba un huevo duro pelado, en la otra un mendrugo de pan. Se acercó con lentitud a la baranda, los miró desde lo alto, desde muy alto. Estaba encima del porche y además era muy alto. Un gigante, aunque delgado como un gul. Los miró, paseó sus ojos acuosos por cada uno de ellos, uno tras otro. Luego mordió primero un poco de huevo, luego un pedacito de pan.»

Por último, el empleo del tiempo en La torre de la golondrina llega a ser confuso y caótico en muchas de las parte de la novela, pues las líneas temporales se superponen – A esto hay que añadir que lo cuentan en muchas ocasiones personajes nuevos -. Así vemos como las elipsis temporales se hacen más evidentes en esta entrega. En consecuencia, la espacialización es difícil de determinar, aunque sí resulta importante la cabaña eremita de Vysogota de Corvo ya que en ella Ciri desvela muchos secretos del argumento.

En conclusión, La torre de la golondrina es una novela de fantasía llena de aventuras que nos llevarán cerca del final de la historia del brujo Geralt y sus amigos. Sin embargo, la sintaxis retorcida y experimental hacen de su lectura un auténtico suplico en muchos momentos, obligando al lecto a parar o releer capítulos enteros. Personalmente, mi confusión aumentaba cuando Sapkowski determinaba cortar de manera inesperada un clímax para luego retomarlo capítulos después; Este parón me hizo perder la sensación que produce un punto álgido en una novela, perdí el interés.

Por tanto, considero que La torre de la golondrina es de los peores libros de la saga en cuanto al discurso empelado por el autor lleno de digresiones, paradas y vueltas innecesarias, aunque se debe pasar por él para entender los acontecimientos que nos traerá La dama del lago, última novela de la saga.

Un saludo cafeteros, espero que os haya gustado. Os leo en comentarios.

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