
AUTOR: Mary Shelley

Mary Shelley (Mary Wollstonecraft Godwin) nació en Somers Town (Londres) a finales del siglo XVIII en un ambiente familiar estable e intelectual; Su madre, Mary Wollstonecraft, fue una importante figura para el movimiento feminista con su obra Vindicación de los derechos de la mujer -Aunque esta novela no se retomó hasta los años 70 del siglo XX -. Sin embargo, falleció al dar a luz a su hija Mary Godwin, pero esta desgracia no fue un obstáculo para profesar amor a su figura materna.
Su padre, William Godwin, fue un filósofo que se casó con su vecina Mary Jane Clairmont por necesidades económicas, aunque la amó y defendió antes las críticas de sus amigos (Estos la consideraban una mujer temperamental y conflictiva); De este modo, la familia aumentó ya que Mary tuvo dos hermanastros, Charles y Claire. Pasados los años, crearon una firma editorial, M. J. Godwin, que solo les trajo deudas teniendo que pedir abundantes créditos; Gracias a las ayudas del filósofo Francis Place logró salvarse de la cárcel.

A nivel académico, Mary no tuvo una educación formal: recibió lecciones del poeta romántico Samuel T. Coleridge o del antiguo vicepresidente estadounidense Aaron Burr; Vivió durante seis meses en el internado de Ramsgate; Y en 1812 fue enviada a convivir con una familia escocesa de ideas radicales. Entre los viajes de ida y vuelta entró en escena la importante figura de Percy B. Shelley – imagen de la derecha-, quien se había separado de su esposa y convertido en un visitante recurrente de William Godwin; Al parecer, su obra Justicia política había influido en el joven y quería rechazar su posición aristócrata para donar el dinero familiar en proyectos caritativos, además de prometer que pagaría las deudas del Señor Godwin. Poco tiempo después reconoció que no podría – o querría – pagarlas dando lugar a que su “amigo” reaccionase con la máxima furia
Paralelamente, Mary y Percy empezaron a verse en secreto en la tumba de Mary Wollstonecraft, enamorándose finalmente. Obviamente, su padre rechazó esta relación pues consideraba que la reputación de su hija se perdería, pero Mary no podía dejar de verlo como la encarnación de los ideales de sus padres durante la década de 1790, sobre todo la idea del matrimonio como un monopolio del Sr. Godwin – Años más tarde se retractaría -. Al final, la pareja huyó a Francia en 1814 acompañados por la hermanastra de Mary, Claire Clairmont.
«Estaba actuando en una novela, encarnando un romance»
Mary Shelley durante sus viajes por Francia hacia Suiza.
Al final, Mary se quedó embarazada durante el viaje, lo que obligó a la pareja a trasladarse a Londres, donde tuvo que resignarse ha ciertos comportamientos de su pareja pues se ausentaba mucho tiempo para huir de los acreedores, coqueteaba con su hermanastra y tuvo un hijo con su exesposa. Por eso, trabó amistad como Thomas J. Hogg con quien pudo haber algo más que una amistad y Percy iba de acuerdo en que tuviera un amante – Ambos defendían la idea del amor libre -, pero, pese a todo, Mary amaba a Percy. Sin embargo, en 1815, la desgracia asoló a la feliz pareja con la muerte prematura de la hija de Mary Godwin cayendo en un terrible estado depresivo; Solo se recuperó durante el verano ante la noticia de que volvía a estar en cinta.
En 1816, Mary, Percy, su hijo William, y Claire viajaron a Ginebra para pasar el verano con el poeta Lord Byron, cuyo reciente romance con la hermanastra de Mary había terminado en el embarazo de ella. A lo largo de la estancia en Suiza, Mary comenzó a llamarse «Sra. Shelley» y vivieron en la Villa Diodati en un verano «húmedo y poco amable en lo que respecta el clima, ya que la lluvia incesante nos obligó a encerrarnos durante días en la casa». Fue en este ambiente, cuando, alrededor de una fogata, Lord Byron propuso que todos escribieran un relato de terror. Solo Mary Godwin y Polidori, médico de Lord Byron, acabaron la tarea.
«Vi, con los ojos cerrados, pero con una nítida imagen mental, al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al objeto que había armado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, éste cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural. Debía ser terrible; dado que sería inmensamente espantoso el efecto de cualquier esfuerzo humano para simular el extraordinario mecanismo del Creador del mundo».
Mary Shelley introducción de 1831.
En 1817, la autora puso fin a la historia de Frankenstein y la publicó de manera anónima, pero, tanto la crítica como los lectores, la asociaron a Percy Shelley pues suyo era el prólogo. Después, en 1818 se trasladaron a Italia sin intenciones de regresar, pero la muerte de los hijos de Mary, William y Clara, eclipsaron toda la felicidad; De nuevo, el alumbramiento de un nuevo hijo, Percy Florence en 1819, le restableció el ánimo. Asimismo, la comitiva gozó de una libertad política inexistente en Inglaterra («Un país cuyo recuerdo está pintado como un paraíso» según Mary), aunque la autora era muy propensa a enfermar y a la depresión, y no ayudaba que su amado mostrase más interés por otras mujeres, aunque se cree que ella creó un vínculo amoroso con el filósofo griego Alexandros Mavrkodatos.

Durante un tiempo permanecieron en la Villa Magni con Claire y unos amigos, Edward y Jane Williams, en la bahía de Lerci lo que proporcionó a los varones el disfrute náutico. En una de sus salidas, Percy Shelley y Edward Williams jamás regresaron a causa de una tormenta encontrándose sus cuerpos diez días después.
Tras este triste acontecimiento, Mary Shelley trabajó en Génova transcribiendo poemas de Lord Byron, pero pronto abandonó esta localización para vivir con su padre y madrastra en Inglaterra hasta que recibió una ayuda de su suegro y pudo vivir en una pequeña pensión. No obstante, en 1824, pasó a vivir a Kentish Town y trabajó en su novela El último hombre (1826) a la vez que ayudó a escribir las memorias de Lord Byron y Percy Shelley. Así, tuvo contacto con los estadounidenses John H. Payne y Washington Irving.
Entre 1827 – 1840 Mary trabajó como escritora y editora componiendo obras como son Perkin Warbeck (1830), Lodore (1835) y Falkner (1837); también contribuyó con cinco volúmenes de Vidas de los científicos y escritores más eminentes de autores italianos, españoles, portugueses y franceses; Escribió artículos para revistas de mujeres; y ayudaba a sus padres a pagar las deudas. Finalmente, en 1830 vendió los derechos de la obra que la hizo famosa, Frankenstein, por 60 libras.
Mary Shelley, cuyos últimos años de vida estuvieron plagados de enfermedades, falleció el 1 de febrero de 1851 a los cincuenta y tres años. En el primer aniversario de su muerte, la familia decidió ver su escritorio, donde encontraron cabellos de los hijos perdidos de Mary, un cuaderno compartido con Percy Shelley, una copia del poema Adonais, y una página envuelta en seda que contenía algunas de las cenizas y restos del corazón de su esposo.
OBRA: Frankenstein o el moderno Prometeo
«No hay crímenes que se asemejen a los míos; y, cuando repaso la horrenda nómina de mis actos, apenas puedo creer que yo sea aquel cuyos pensamientos estuvieron una vez animados por las sublimes y trascendentes visiones del amor y la belleza. Pero así es. El ángel caído se convierte en un demonio maligno. Pero él… incluso él, el enemigo del hombre tuvo amigos y compañeros. Yo estoy absolutamente solo»
Con Frankenstein o el moderno Prometeo asistimos a la creación de una de las obras cumbres del movimiento romántico donde la fantasía inverosímil permite revivir un cuerpo, a pesar de que los ejes temáticos sean de los más cercanos a la realidad del lector de cualquier época. Por eso, se trata de una novela de “fantasmas” o terror ya que los escalofríos no los proporciona la creación de un muerto viviente, sino sus sentimientos de abandono, su sed de venganza tan cercanas a las de un hombre vivo.
La figura del narrador se manifiesta a través de una primera persona singular a través de los personajes de Robert Walton, Víctor Frankenstein o el engendro. Por eso, en cualquier caso, hay un nivel narrativo intradiegético y, la obra en general es un relato que enmarca a otro – Walton enmarca la historia de Frankenstein y, este, la de la criatura -. En cuanto a la relación de estas voces con los personajes varía en función de quien lo haga: Walton sería homodiegético pues cuenta sobre otros, sobre Víctor, a su hermana Margaret, aunque podemos conocer ciertas motivaciones personales; Víctor Frankenstein es claramente autodiegético ya que comienza a narrar desde su infancia. Sin embargo, dentro del relato del científico ginebrino se encuentra la del engendro, lo cual podría catalogarse de un relato homodiegético, pero, en verdad, es su creador quien lo cuenta citando palabra por palabra los acontecimientos. Por tanto, cada personaje hace una exposición de hechos y una confesión desde una omnisciencia autorial – O editorial – permitiendo al lector fiarse de la información hasta cierto; Cada uno expone los hechos desde su punto de vista y , aunque Víctor Frankenstein se lamenta de su error, siempre tratará de justificarse. Queda en el lector juzgar.
Por tanto, la visión romántica inunda las palabras de los personajes haciendo una crítica a una humanidad que rechaza al hombre que se diferencia de él físicamente, sin importar que sus emociones y sentimientos sean sus iguales. La sociedad es quien hace a la criatura un ser vengativo – Esta novela valdría muy bien para enseñar lo que siente una persona víctima del rechazo social ya sea en los colegios, familia, amigos…. U otro ámbito de la vida -.
Estructuralmente, la obra se divide en cuatro cartas de Robert Walton a su hermana, lo que podríamos determinar como el prólogo de la historia. Después se suceden quince capítulos que ponen final al primer volumen y a la primera parte de la obra con la amenaza del demonio a su creador («Pero recuerda ¡Estaré contigo en tu noche de bodas!»). Así, la segunda parte tiene lugar en el final del volumen II donde empiezan los delirios de Frankenstein. Sin embargo, la tercera parte vuelven a ser las cartas de Walton donde relata como su amigo fue empeorando en su salud aprendiendo de los errores de la historia.
Del mismo modo, la novela cuenta con el nombre de Frankenstein y el subtítulo de El moderno Prometeo. Es obvia la relación entre el primer nombre y el argumento de la historia, pero el segundo, basado en el mito griego, hace referencia al hombre que rivaliza con Dios, una nueva versión de Prometeo que roba el fuego sagrado de la vida divina.

Por otro lado, en la historia contamos con tres grandes personajes. Víctor Frankenstein es un estudiante ginebrino que se traslada a la universidad de Inglostadt (Baviera) dando comienzo a su interés por la filosofía natural; Este conocimiento le lleva a desear la creación de un hombre hecho de miembros cadavéricos a través de la electricidad – En la época de Mary Shelley estaba en auge el movimiento galvanista y en este se apoyó para crear la obra -. No obstante, desde una visión católica, está retando a Dios por lo que cuando ve su logro solo siente un inmenso horror, que lo lleva a su destrucción por culpa de la ambición humana. Por su parte, a pesar de que la cultura popular asocia el nombre de “Frankenstein” con el monstruo, nunca recibió uno; Se trata de un ser enorme con capacidades sobrehumanas – Tolera las temperaturas extremas -. A nivel filológico, este personaje es la perfecta encarnación de algunas características del movimiento de los Sublime del Romanticismo como no ser descrito minuciosamente dejando huecos a rellanar por la imaginación – Esto además permite que cada lector cree su propio monstruo; Asimismo, se presenta como un ser superior ante su creador ya que de sus manos depende la felicidad y estabilidad emocional de Frankenstein.

Asimismo, Robert Walton, que a simple vista puede ser un personaje menor, es la suma de ciertas características de las figuras anteriores: Es un científico con ansia de conocimiento (como Víctor), pero se siente solo y desea encontrar a un amigo con quien poder contar sus ideas y que éste le aconseje que camino tomar (como el monstruo). Las diferencias radican en que él es consciente de la necesidad de contar las ideas propias y recibir un consejo, a diferencia de Frankenstein, y es lo que hace que sea el único personaje que sobreviva y regresar a casa, aunque según él «Sin haber descubierto nada y desilusionada». No se dio cuenta que aprendió una lección más importante: Los límites de la humanidad.
«Me gustaría contar con la compañia de un hombre que me pudiera comprender, cuya mirada contestara a la mía (…) No tengo a nadie junto a mí que sea tranquilo pero valiente, que posea un espíritu cultivado y, al tiempo, de mente abierta, cuyos gustos se parezcan a los míos para que apruebe o corrija mis planes»
Por último, el tiempo se basa en la retrospección constante ya que a partir de la localización del barco de Walton se da comienzo al relato de Frankenstein y, dentro de ésta, a la de la criatura – Otra retrospección -. Por su parte, en el discurso de la obra abundan las descripciones detalladas y algunas están muy inspiradas en el movimiento de los Sublime: Tienen la intención de provocar un escalofrío al leerlas, ya sean de la criatura o de la naturaleza, por lo que ninguna tiene una intención decorativa salvo aquellas que presentan los rasgos de los personajes.
«Cuando uno alcanza cierta altura, el camino se cruza con barranqueras cubiertas de nieve, desde donde suelen desprenderse continuamente piedras que caen rodando; una de esas quebradas es particularmente peligrosa, porque el más leve sonido (…) genera una vibración en el aire lo suficientemente violenta como para desatar la destrucción (…)».
En resumen, Frankenstein o el moderno Prometeo fue una de las obras más importantes del Romanticismo y, si bien la idea de mostrar el abatimiento y abandono del hombre por parte de Dios era recurrente en la época, Mary Shelley fue capaz de crear a un Creador triste y horrorizado de su propia creación; Una auténtica revolución de la literatura. Asimismo, no faltan los rasgos autobiográficos puesto que esos sentimiento de soledad son los de la autora – Su padre la rechazó al fugarse con Percy, luego él coqueteaba con otras mujeres, perdió a tres hijos, se culpaba de la muerte de su madre… Fue una mujer sola en el mundo -. Por eso mismo, hace una reivindicación de la necesidad humana de afecto, no es un sentido romántico de la “media naranja” sino de saber que tienes a una persona en tu vida que te permite apoyarte en ella en cualquier momento y situación.
Personalmente, Frankenstein se ha convertido en un de mis libros favoritos por su fácil lectura a pesar de ser un clásico del s. XVIII; por transmitir de manera genuina las emociones de abandono y poder llegar a empatizar con el monstruo. Como lector desear esa venganza, aunque, como se demuestra al final, ésta no sirve de nada
Un saludo cafeteros. Espero que os haya gustado y os leo en comentarios.