Mujercitas: Feminismo encubierto

Mujercitas; Louisa May Alcott; DeBolsillo; 755 pp. (1868).

AUTOR: Louisa May Alcott

Louisa May Alcott nació en Pensilvania (1832) dentro de una familia intelectual en el que su padre, escritor, pedagogo y filósofo, Amos Bronson Alcott fue un gran partidario y activista del abolicionismo, sufragio femenino y reforma educacional. Por su parte, Louisa fue la mayor de tres hermanas y todas fueron educadas por su padre en casa, en la que recibían ilustres visitas constantes de figuras como Nathaniel Hawthorne, Henry D. Thoreau, Ralph W. Emerson o Margaret Fuller -Personaje importante dentro de la vida de Louisa -.

Sin embargo, su padre era un hombre decidido a crear un espacio social utópico en el que vivir plenamente y pensar de manera elevada por lo que creó Fruitlands (1843-1844). Este experimento fracasó lo que obligó a que la adolescencia de Louisa se viese marcada por el trabajo de maestra, costurera, institutriz o escritora para poder ayudar económicamente en casa. Así, publicó su primera obra, Fábula de flores, a los dieciséis años; También deseaba ser actriz por lo que una de sus comedias fue aceptada por el Boston Theater, pero nunca llegó a representarse.

A nivel personal, Louisa fue una mujer que rechazaba el matrimonio por lo que nunca lo contrajo y, al igual que sus padres, se mantuvo activa en la lucha contra la esclavitud y en lograr el sufragio femenino. Por desgracia, llegó la Guerra de Secesión y decidió contribuir como enfermera en el hospital de la Unión en Georgetown (Washington D. C.). Debido a esta experiencia, se contaminó de mercurio provocando su muerte por las secuelas en 1888. Un año después apareció la novela póstuma Un susurro en la oscuridad. Se encuentra enterrada en el cementerio de Sleepy Hollow (Massachusstes).

Como escritora tuvo un inicio precoz ya que desde niña se sentía atraída por la creación de mundos e historias imaginarias. Como dijimos, sus primeros escritos comenzaron en la década de 1850, pero la estancia en el hospital durante el conflicto la llevaron a componer un diario que luego fue publicado; En él demostró su visión observadora y su capacidad de describir, convirtiéndose en su primera obra con una gran recepción en la crítica. Paralelamente, tuvo un lado menos conocido al publicar bajo el seudónimo de A. M. Barnard cuyas obras son Cacería de amor largo y fatal o El crimen y castigo de Pauline; Estas narraciones románticas al estilo victoriano la permitieron tratan temas góticos que de haber empleado su nombre de mujer jamás habrían visto la luz. Además, tras el éxito de Mujercitas (1868) pudo saldar las deudas familiares y obtener una tranquilidad económica a la familia, aunque el publicó quiso mas obras dentro de este mundo por lo que escribió Una muchacha anticuada (1870), Hombrecitos (1871), Ocho primos (1875), Rosa en flor (1876) y Los muchachos de Jo (1886); todas se basaron en su experiencia como educadora.

OBRA: Mujercitas.

«Hay un libro en el que creí ver reflejado mi futuro: Mujercitas, de Louisa May Alcott… Yo quería a toda costa ser Jo, la intelectual. Compartía con ella el rechazo a las tareas domésticas y el amor por los libros. Jo escribía, y para imitarla empecé mis primeros cuentos cortos».

Simone de Beauvoir

Doy comienzo a este nuevo comentario con una cita de Simone de Beauvoir (1908-1986) al sentirme tan identificada, con la diferencia de que yo leo el libro fuera de la edad recomendada. Pero no por eso no se disfruta, todo lo contrario. Considero que es una novela con la que se puede encontrar matices y disfrute a todas las edades – En la adolescencia encontrarás una historia de amor y desamor, y en la adultez de los sacrificios necesarios para lograr las ambiciones personales -.

Para empezar, Mujercitas (1868) fue una obra realista de carácter autobiográfico, aunque puede entenderse también como una novela de desarrollo enmarcada en la literatura juvenil – Aunque no tiene por qué -. Por su parte, la voz que nos cuenta la historia nos sorprende siendo la misma Louisa Alcott haciendo que su voz sea extradiegética en tercera persona y estableciendo una relación heterodiegética con los personajes; Asimismo, sabe todos los acontecimientos del argumento por lo que presenciamos una omnisciencia neutral cuya información es totalmente fiable ya que en ocasiones Louisa adelante sucesos («(…) susurró Laurie, sin imaginar lo pronto que tendría que cumplir su promesa».

La visión del mundo que nos ofrece Alcott a través de su novela no es otra que la de un feminismo encubierto por la moral del momento. En la época de Alcott no estaba bien visto que una mujer escribiese, y los valores feminista actuales quedaban muy lejos a las mujeres del momento, por lo que en Mujercitas vemos pequeños atisbos de la evolución del papel de la figura femenina en la sociedad. Todo esto acompañados por una actitud subjetiva – La autora incluye experiencias de su propia vida, por lo que muchos la describen como autobiográfica – y un tono cálido en los momentos más tiernos (principalmente la primera parte, donde las hermanas son jóvenes y todavía no han conocido la desgracia y el dolor) pero también triste en las partes dedicadas a Beth – No haré spoiler, pero no creí que este libro fuese capaz de hacerme llorar, y sus partes lo hicieron amargamente -. Por tanto, como narradora, Alcott emplea los juicios morales para mostrar comportamientos feministas; Por ejemplo, en un momento las hermanas deciden que andan cansadas para hacer las tareas domésticas – Algo muy extraño en la mujer ideal del momento – por lo que deciden no hacerlas y acaban dándose cuenta de que sin su labor, viven en el caos. Lo que Alcott quiere decirnos es que sin la mujer la casa y el hogar se viene abajo porque el papel del hombre en ella es nulo y eso no es correcto.

Respecto a la organización estructural de la obra he de decir que cuenta con dos partes en la que se ve como la autora es consciente de que el éxito de su historia depende de los lectores por lo que decide continuar la segunda parte en función de la recepción del público.

En este punto cae el telón sobre Meg, Jo, Beth y Amy. Que vuelva a alzarse dependerá de la acogida que reciba el primer acto de esta obra familiar titulada Mujercitas.

Internamente, se mantiene una estructura básica de Introducción (Hasta el final de la primera parte) – Nudo (Desde la segunda parte en la que las jóvenes han crecido hasta que Laurie se da cuenta de que Jo nunca podrá corresponderle) – Desenlace (hasta el final de la historia).

En cuanto a los personajes de la novela, las mujeres ocupan todos los planos principales. Las hermanas March comparten las típicas características de una joven del s. XIX, lo que explica que tanto Meg como Amy deseen tener una vida feliz de casadas con muchos hijos y haciendo feliz a su marido. Por su parte, Beth es la más santa de todas ya que desde el principio solo quiere el bien de quienes la rodean, además de que su carácter tímido la permiten conocer a ningún muchacho. En contraposición a estas personalidades tenemos a Josephine (nuestra querida Jo) – Lo siento, es mi personaje favorito – que no desea casarse, ni incluso enamorarse, porque lo entiende como una renuncia a su libertad y distracción de su sueño: Ganarse la vida siendo una escritora. De este modo, podemos ver como la mujer no necesita del trabajo de su esposo para tener su propio dinero pues es capaz de trabajar; Esto lo que aporta la libertad e individualidad al personaje. Sin embargo, con el riesgo de que el libro no se publicase al mostrar unas ideas demasiado avanzadas, se justifica el carácter de Jo con una actitud más masculina dando a entender que consigue sus éxitos en la escritura por ese comportamiento – Debemos tener en cuenta que en el s. XIX no estaba bien visto que la mujer escribiese, y si lo hacía solo de temas de “mujeres” y alejados de lo gótico, por lo que solo da esa actitud a su personaje para contentar a ese nicho de lectores -.

Winona Rayder interpretando a Jo March en Mujercitas (1994).

Asimismo, la señora March o Marmee fue un gran medio para que Alcott mostrase sus ideales. Si en un principio nos presentan a este personaje como la mejor madre de todas, sin ningún defecto, dedicadas a sus hijas, hogar y temerosa del destino de su marido en la guerra, todo cambia cuando nos descubre que tiene un defecto: El temperamento al igual que su hija. Vemos que la mujer, a pesar de esa preciosa capa de serenidad, también se enfada, llora, grita y puede decir palabras inadecuadas. Sin embargo, como decíamos ante de la imposibilidad de mostrar las ideas al cien por cien, Marmee controla su carácter gracias a su esposo: «Sí, yo le pedí que lo hiciera y él nunca lo olvidaba. Con ese gesto discreto y una mirada amable impedía que dijese cosas desagradables».

Por su parte, los papeles masculinos están en un tercer plano como mínimo ya que solo sirven para enriquecer la trama: El señor March va a la guerra y cuando vuelve a penas aparece salvo cuando sus hijas le piden consejo – Momento en el que se introducen los valores cristianos del momento -; El señor Laurence evoluciona del anciano cascarrabias al anciano amable y queridos por todos, cuya única función es que su nieto no se desboque; y, por último, Laurie es el joven soñar e inmaduro que nos enamora con sus actos gentiles y amables – En el fondo es una buena persona, creo que salvo la Tía March, no hay personajes malvados -.

Christian Bale interpretando a Laurie en Mujercitas (1994).

Por último, el tiempo es vivido por los personajes de la historia ya que, aun siendo ficticios, experimentan su paso. Por ejemplo, en el desenlace, Jo se percata de que tiene veinticinco años, ya no es un niña, y que no tiene a nadie con quien compartirla. Asimismo, ritmo de la novela varía en función del momento en el que nos encontremos: La primera parte abarca todo un año en el que los hechos se suceden , por lo que el ritmo es más lento en comparación la segunda en la que pasan varios años (todo termina con Jo cerca de los treinta años).

En conclusión, Mujercitas es una novela del s. XIX y la más conocida dentro de la producción literaria de Louisa Alcott. Me parece importante recalcar que antes de leerla es necesario saber que el lector implícito que requiere su lectura ha de ser consciente de los valores del s. XIX.

Personalmente, Mujercitas, sorprendiéndome gratamente, se ha convertido en uno de mis libros favoritos a lo que una recurre en busca de inspiración o consuelo. No puedo evitar sentirme atraída y reflejada, como decía Beauvoir, en la figura de Jo por la pasión que pone en sus escritor, la perseverancia en su trabajo y el no escuchar los juicios del “no serás capaz”. Por eso mismo, veo que la novela no es una más entra tantas en vida, porque me muestra como las mujeres de hace dos siglos vivían luchando día a día por conseguir las derechos que hoy tenemos.

Un saludo cafeteros. Espero que os haya gustado y os leo en comentarios.

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